Pero me he dedicado a otras muchas actividades. Estas semanas, y en lo que se refiere a manualidades, me apunté a un taller de amigurumi y estoy aprendiendo a hacer fofuchas con foam; con la fotografía, sigo enganchada: casi todos los días tomo fotografías con el móvil -me encanta instagram- o con mi cámara automática y de vez en cuando participo en concursos -otra actividad que me encanta-; y un nuevo reto: el doblaje.

Las clases las empecé el 6 de noviembre -ya ha pasado casi un mes-, y echando la vista atrás, creo que he aprendido mucho. Eso sí, me he dado cuenta de una cosa: que no es tan fácil como parece. Los grandes profesionales hacen que parezca fácil.
Pero no me desanimo, sé que lo que me falta es entrenamiento y práctica, mucha práctica: relajación, control de los músculos -cuello, cara- y de la respiración, buena dicción, proyectar la voz, conocer y aplicar los estándares, interpretar con la voz... en fin, muchos conceptos nuevos y tareas a realizar, pero ¡emocionantes!
Si alguna vez hago algún trabajo del que esté orgullosa, lo colgaré en el blog. Por ahora, queda mucho camino por recorrer.